Muchos trabajos, poco tiempo, deberes en breves y final de Prince of Persia mañana.

Lo habíamos dejado en que en 1994 se editó la segunda parte de Prince of Persia. Pero como casi todas las grandes series de los inicios de los videojuegos, se intentó llevar a las 3D de las nuevas generaciones de consolas; y se hizo con bastante mala pata.

En 1999 la franquicia cambia de compañía y se edita la primera secuela del juego en tres dimensiones para la última consola de Sega, DreamCast, con sustanciosas mejoras en los combates con nuevas armas y muchas acciones, todo manteniendo el aspecto artístico de las primeras entregas. El juego no cuajó, y nunca se consideró sucesor de la saga. Resultado: muchos usuarios decepcionados que después de mucho esperar no pudieron disfrutar como se merecía al Príncipe de Persia.

Pero hoy en día el Príncipe goza de fama, y eso se debe a que Ubisoft en el año 2003, en plena generación de 128 bits, editó para todas las consolas (Game Cube, Xbox, PS2 y PC) el aunténtico renovador de las aventuras del Príncipe, el que le hizo retomar el trono de las aventuras de plataformas. Supervisado y diseñado por Mechner otra vez y en estudios franceses: Prince of Persia: Las arenas del Tiempo.

El juego gozaba de nueva trama, seguíamos en Persia, el Maharajáh había sido derrotado (nada que ver con la historia del primer juego) por traición de su Visir, que engaña al bueno del Príncipe para que se apodere de la Daga de las Arenas del Tiempo de entre todos los tesoros del Maharajáh. De esta forma las Arenas del Tiempo se liberan y todo cae bajo la maldición de estas reliquias del tiempo, el Príncipe es el responsable y deberá deshacer el entuerto y moverse por el flujo que es el tiempo para evitar así la liberación de las Arenas; que le otorgan los poderes del Tiempo con los que puedrá vurlar a la muerte cada vez que esta le sorprenda en cada abismo y en cada trampa, es capaz de retroceder a los segundos previos a su muerte para así esquivarla y proseguir su ardua tarea con la ayuda de la hija del Maharajáh, Fara y romper el encantamiento que pesa sobre su padre.

Nuevas trampas y nuevos enemigos con nuevas habilidades para evitarlas y nuevas técnicas para derrotarlos, sobre un estilo clásico de magníficas animaciones para las inverosímiles acciones del Prícipe (incluyendo correr por paredes o realizar saltos imposibles, el Príncipe se nos mostraba como lo que es: un auténtico acróbata) y un entorno preciosista y casi onírico que te evocaba inevitablemente a las Mil y Una Noches. Las músicas encandilaban con una exótica ambientación oriental. Además la historia se contaba con un narrador que te susurraba los acontecimientos a medida que los ibas jugando. Todo contado como un cuento de estructura circular para llegar al principio desde donde la historia se contaba y derrotar al malvado Visir para así acabar con la maldición de las Arenas.

La crítica supo valorar esta obra maestra y su cuidado desarrollo, el público se encargó de resucitar al Príncipe del olvido y hacerlo reconocible tanto a finales de los 80 como 15 años después. Para hoy haberse consolidado como una referencia del género con dos secuelas de excelente calidad El alma del guerrero y Las dos coronas, y adaptaciones para móviles Game Boy Advance y algún juego raro de cartas y algún remake para consolas portátiles de nueva generación (Nintendo DS y PSP).